jueves, 4 de agosto de 2011

“Super 8” (2011) de J.J. Abrams.


Puras promesas

Hace un año, aproximadamente, comenzaron a filtrarse en internet (principalmente en redes sociales, páginas de videos y páginas sobre cine) imágenes y videos de Súper 8. La campaña publicitaria presentaba información suelta y poco clara sobre lo que trataba el nuevo proyecto de J.J. Abrams y –muy importante– el productor Steven Spielberg. Sólo se sabía que trataría sobre una criatura que escaba de un tren que acababa de chocar y nada más.

Esta idea de promover una película con tanto tiempo de anticipación y, principalmente, usar el internet como una potente arma para promover el proyecto se llama, según mi consulta, publicidad viral (marketing viral). En general y desde mi punto de vista, esta técnica de mercado busca crear curiosidad en el espectador y generar contenidos que puedan ser intercambiados en internet. Por ejemplo, una de las películas pioneras en esta forma de promoverse fue The Blair Witch Projet [El Proyecto de la Bruja de Blair] (1999) de Daniel Myrick y Eduardo Sánchez. Aquel grupo de directores y productores crearon tal historia ficticia alrededor de la película que superó –por mucho– la ficción que se presentaba en el filme; recuerdo páginas en internet que aseguraban que lo sucedido en pantalla era “real”. Por supuesto, el éxito de The Blair Witch Projet hizo que varías películas usaran esta “nueva” forma de hacer publicidad para una película.

El hermetismo generado alrededor y la información tan contradictoria provocaron que, a un año de su estreno, Súper 8 fuera un “blockbuster” a seguir en el 2011. Es tan fuerte esta campaña publicitaria que, sin un reparto de actores conocido ó un superhéroe famoso de por medio, puede forjar una gran expectativa e interés por el filme. Desde luego, la información se va filtrando y el “misterio” a cada paso se pierde; no obstante, se mantiene en los avances y en las declaraciones de los protagonistas ese velo de que estamos ante el proyecto del año.

Nada de esto en especial hizo que la película figurara en mis indispensables sino, lo que realmente me incitó a ir verla, fue que J.J. Abrams era el director. Este director, guionista y productor, que había sido aclamado por crear y producir la serie de televisión Lost (2004), llamó mi atención por tres proyectos en los que estuvo involucrado: 1) como productor en Cloverfield (2008) de Matt Reeves, 2) como director de Star Trek (2009) y 3) como director de Mission: Impossible III (2006) [la única que me gusta de las tres que van]. De estas tres películas, me quedaría con Cloverfield y Star Trek como ejemplos de la promesa que aparentaba J.J. Abrams como director y productor; dejando a un lado, por supuesto, el trabajo junto a Tom Cruise en Misión Imposible III.

La primera de mis dos elecciones se debe, principalmente, al trabajo en conjunto que hicieron Abrams y Matt Reeves, pues, Cloverfield fue una propuesta distinta a la variedad de películas sobre monstruos que destruyen una ciudad (en este caso Nueva York); si bien la idea de hacer creer al espectador de que se está observando un video casero ya se había explorado desde The Blair Witch Projet, pasando por [Rec] (2007) de Jaume Balagueró y Paco Plaza, hasta Paranormal Activity (2007) de Oren Peli, en su mayoría se había usado para películas de terror y poco para películas de monstruos desconocidos o extraterrestres (tal vez un ejemplo similar a Cloverfield sea Alien (1979) de Ridley Scott). A pesar de que Abrams no dirigió ni escribió la historia se involucró en la mercadotecnia y en proponer ideas que incluyó el director Reeves.

Mientras trabajaba en Cloverfield, J.J. Abrams recibió la invitación de revivir la franquicia de Star Trek (Viaje a las estrellas). En este caso sí sería el director. Nuevamente, valiéndose de la mentada publicidad viral, fuimos descubriendo partes de la nave Enterprise e información confusa sobre un “nuevo” Capitán Kirk y un “nuevo” Spock. El resultado final (y que merecería una entrada aparte en mi blog) fue un épico filme que logró –lo que pocos han podido– juntar dos generaciones de espectadores e iniciar una nueva historia de Viaje a las estrellas partiendo de las anteriores películas; en verdad, casi nadie toma en cuenta lo hecho por sus antecesores, no obstante, J.J. Abrams retomó la historia en donde se había quedado y fusionó viejas con nuevas aventuras. En particular –y que me orilló a ver Súper 8–, debo acentuar ese inicio tan extraordinario que tiene la película Star Trek, esa primera secuencia vale todo y colocó a Abrams, dentro de mi perspectiva, en los jóvenes directores a seguir.

Dos años pasaron para que, después de Star Trek, se estrenara una película de Jeffrey Jacob Abrams. Súper 8, como ya dije, fue un trabajo muy resguardado para que nadie de la producción y del elenco hablara de su contenido. Lo primero que logró filtrarse, y que dio pie a muchas notas periodísticas, fue que Steven Spielberg era el productor de Súper 8. Se mencionó que Spielberg llamó a Abrams para que trabajaran juntos en esta película, pues, era una de las apuestas importantes que tenía el productor para el verano del 2011 (no hay que olvidar, a este respecto, que también es productor de Transformers: Dark of the Moon de Michael Bay y Cowboys & Aliens de Jon Favreau).

Me parece que en este pacto entre J.J. Abrams y Steven Spielberg está toda la podredumbre de Súper 8.

Súper 8

Al salir de la sala IMAX, en donde vi Súper 8, me pregunté inmediatamente: ¿cuál parte filmó J.J. Abrams y cuál Steven Spielberg? Sin duda, si uno revisa la historia de Spielberg se da cuenta que el señor nunca se limita a ser sólo productor, si no que busca influir, manipular e imponer sus ideas a los directores que elige para sus proyectos veraniegos, o mejor dicho, “blockbusters”.

Que el tema principal, en Súper 8, sean los extraterrestres no es coincidencia y menos si está metido Spielberg. Podría irme hasta 1982 cuando se estrenó E.T.: The Extra-Terrestrial ó centrarme en algunos de sus últimos proyectos (War of the Worlds (2005) e Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull (2008)); y no estaría mal sumar los dos filmes que producirá sólo en este verano del 2011. Es decir, Steven Spielberg sabe que el tema de los extraterrestres genera grandes ganancias y el público medio lo recibe con gusto, en pocas palabras, gusta mucho el tema de lo “desconocido” y “la vida en otros planetas”.

Desde luego, Steven Spielberg necesitaba un nuevo punto de vista sobre su tema favorito. No es de extrañar que viera Cloverfield y decidiera llamar al productor J.J. Abrams para que se encargara de su “nueva” versión sobre aliens y niños traviesos (que casualmente describen la infancia de Spielberg y sus primeros acercamientos al cine). Me imagino que Abrams se unió al proyecto cuando ya estaba todo armado: elenco, presupuesto, locaciones, etc. Digo esto porque al ver la película me di cuenta que Abrams hizo muy poco, pues, realizó un guión bastante pobre que es un revoltijo, sin pies ni cabeza, de películas de Spielberg junto con ideas de Cloverfield; sin contar que de esta última usó las tomas del monstruo (en donde sólo ves partes y únicamente lo ves completo al final) y al monstruo (que descaradamente es idéntico).

Por otro lado, la historia de Súper 8 es tan anodina, en parte, porque quisieron abordar infinidad de temas que, conforme se acerca el final del filme, dejaron de importar uno tras otro y la conclusión deja mil cabos sueltos e infinidad de incoherencias (por ejemplo, ¿alguien entendió porque no lo mata el “alien”? No me digan que porque él si entendió al extraterrestre, ¿cómo?, mentalmente, por ósmosis o qué).

Iba a analizar las actuaciones, pero luego pensé ¿cuáles?, no hay nada que decir; bueno, tal vez, lo único rescatable sea Elle Fanning que, por cierto, ya trabajó con Sofia Coppola y lo hizo muy bien; mi único deseo es que logre transcender más allá de la niñez, pues su hermana Dakota Fanning no lo consiguió y ahora hace películas que salen directamente en DVD. Sin duda, la elección del reparto, en general, se apega a la idea que tienen tanto Steven Spielberg como George Lucas (lo cito por la similitud de formas de hacer cine) de que lo importante en un presupuesto son los efectos especiales.

Para terminar, regreso al asunto de la publicidad viral. Desde el título de la película se nota la mercadotecnia utilizada, pues, un título tan ambiguo como Súper 8 (a pesar que se refiere a un formato cinematográfico) no clarifica el contenido del filme y deja en el aire de lo que pueda tratar. Toda esta campaña hará que se logre una “buena” recaudación (aunque en EUA a dos meses de su estreno lleva $124 954 000 dólares que es bajo y lo cual representa que a estas alturas su única esperanza es la recaudación mundial), empero, la publicidad no será suficiente para que consiga trascender más allá de la inmediatez de las redes sociales y, en general, de internet.

Como conclusión puedo decir que perdió J.J. Abrams, ya que, es un pésimo trabajo para su fútil filmografía, y ganó Steven Spielberg, pues, obtuvo la película que quería (con su homenaje narcisista, así como, su “tributo” al cine que vio de niño).

sábado, 30 de julio de 2011

“Captain America: The First Avenger” [“Capitán América: El Primer Vengador”] (2011) de Joe Johnston.


El último vengador

Por fin, después de cuatro películas, ya están completos los vengadores. Como mencioné en la entrada de Thor, el proyecto The Avengers surgió en el 2008 con el estreno de Iron Man de Jon Favreau y The Incredible Hulk de Louis Leterrier. Después de esas dos películas poco, o nada, se habló de los superhéroes que faltaban: Thor, Capitán América, Black Widow, Hawkeye y Ant Man. Lo que en esos años importaba era la siguiente película de Iron Man y punto.

En el 2010 llega a los cines Iron Man 2 y entonces sí, los fans empezaron a preguntar, primero, por los actores que interpretarían al resto de Los Vengadores. Scarlett Johansson fue la primera incógnita resuelta, ella interpretaría a Black Widow (Viuda Negra); después, al saber que no habría películas para Hawkeye y Ant Man, se comenzó a preguntar quiénes serían los actores que interpretarían a Thor y al Capitán América. Cabe aclarar que al ser dos superhéroes con una popularidad baja, la elección de actores no tuvo la presión de Hulk e Iron Man.

En particular, el casting del Capitán América fue lo que llamó la atención de la prensa y de los interesados en el proyecto de Marvel Studios. El primer nombre que se filtró fue el de Will Smith, lo que provocó que este asunto se volviera lo relevante del filme; sin duda, hubiera sido osado poner a un Capitán América negro, pero el impulso Barack Obama no fue suficiente para que esta broma se convirtiera en realidad. Otros “actores” que se proponían para el papel eran Vin Diesel y Dwayne Johnson. En realidad con estas opciones, los productores empezaron a ponerse nerviosos, pues, el rodaje estaba a punto de iniciar y no había actor que los convenciera para realizar el papel de Steve Rogers.

La solución que propusieron no convenció a nadie. Los señores de Marvel Studios decidieron nombrar al actor Chris Evans como el próximo Steve Rogers/Capitán América. No se podía creer, era inverosímil. Ese actor ya había trabajado con Marvel Studios en dos películas y hasta había sido protagonista de una. Me refiero a las dos películas de Los Cuatro Fantásticos. Él había interpretado a la antorcha humana y, aparte, en la segunda película (Los cuatro fantásticos y Silver Surfer (2007)) había sido el protagonista, ya que, su personaje gustó mucho en la primera.

Este movimiento de Marvel Studios hizo que la película tuviera cierta notoriedad que hasta el momento no había tenido, pero, por otro lado, dejo entrever que ese estudio estaba dispuesto a hacer lo que fuera con tal de generar una buena recaudación. También quedo claro que las dos películas de Los Cuatro Fantásticos no habían gustado y los productores hicieron el anuncio –casi al mismo tiempo cuando decían que Chris Evans se quedaba con el papel– que habría un nuevo inicio para la franquicia de Fantastic Four.

Ya con el protagonista elegido y presentado comenzó el rodaje de Captain America: The First Avenger. Lo primero que llamó mi atención fueron las fechas de estreno, o sea, el orden en que acomodarían a Thor y Capitán América. En este sentido, habría que aclarar que las productoras y distribuidoras ponen sus “mejores cartas” (en cuanto a posibilidades de recaudación) en el mes de julio; por eso era importante saber quién iba primero y quién después. Para mi sorpresa le dieron fecha de estreno a Capitán América en julio y no sólo eso, lo pusieron (en EUA) una semana después de Harry Potter y las reliquias de la muerte: parte dos. Sin duda, estos movimientos de mercado eran señales de que los involucrados en el proyecto tenían cierta confianza en su producto.

Otro punto a destacar, antes de analizar la película, era observar cómo lograría Marvel Studios posicionar a un superhéroe que, como ya dije, no tenía popularidad en el público promedio y que su relevancia se limitaba (si es que la tenía) a los fans de comics o videojuegos, en donde el personaje, en muchos casos, siempre iba de relleno. Tal vez, los conocedores se molesten al leer estos dichos pero estoy seguro que pocos sabían (o saben), antes de esta película, quién era Steve Rogers, quién era Red Skull o por qué la historia del capitán inicia en la Segunda Guerra Mundial, etc.

Capitán América: El Primer Vengador

Después de ver Iron Man (aceptable), The Incredible Hulk (pobre y anodina), Iron Man 2 (superflua) y Thor (bodrio) daba por hecho a qué me enfrentaría al ver Captain America: The First Avenger, es decir, las anteriores películas habían sido un claro ejemplo de que Marvel Studios se preocupaba más por efectos especiales que por un guión o una dirección sobresaliente. Para ejemplificar, ahí están los guionistas y directores elegidos para las producciones que acabo de citar, nada para llamar la atención.

A diferencia de las otras películas, asistí a la función de Capitán América tratando de saber lo menos posible de la película; aunque mi poca información sobre el comic me daba una idea de lo que vendría en el guión; incluso, saber que después de esta película vendrían Los Vengadores, ya uno se imaginaba cuál iba a ser el final.

La historia del Capitán América, como personaje de comic, siempre estuvo marcada por ser vil propaganda para el reclutamiento de soldados para las distintas guerras que tiene Estados Unidos en su historia. Precisamente por ese aspecto concreto de su nacimiento, el comic de este súper soldado perdió fuerza con el paso de los años, pues, desde su traje hasta su forma de pensar, era un ardid publicitario en busca de patrioterismo. Cabe recordar que otros superhéroes también han perdido fuerza entre el público medio por estar plagados de ideas patrioteras: por ejemplo, Superman defendía, tanto en el comic como en las películas de Richard Donner, “la verdad, la justicia y el modo (o estilo) de vida americano” [también comparten, Superman y el Capitán América, los mismos colores en el uniforme: azul y rojo (colores de la bandera estadounidense)].

La labor del director y el guionista (o guionistas) era lidiar con esta etiqueta que tenía el superhéroe. En particular, la pregunta era ¿qué hacer con esa carga tan evidente de patriotismo? Definitivamente, la opción fácil era hacer otra película en donde se resaltara el espíritu patriotero gringo y que nuevamente salvaran al mundo; otra opción era criticar la construcción de ese símbolo, con fines publicitarios, y, de una vez por todas, quitar el estigma que tenía el personaje. Joe Johnston, director del filme, se decidió por lo primero, pero incrustó en la historia una parte en donde, con ironía y sarcasmo, aborda el asunto de la creación de figuras por parte del gobierno para la recaudación de fondos para la guerra (venta de bonos). Por supuesto, sólo en esa pequeña secuencia del filme se buscó dar una nueva perspectiva al personaje al aceptar que es una construcción simbólica del gobierno estadounidense. Subrayo que, en general, la película se encuadra perfectamente en la reiteración de un guión conocidísimo pero, por lo menos, se aplaude intentar algo diferente o, mejor dicho, algo distinto en la corta vida de Marvel Studios.

Esa parte en específico me recordó una película de Clint Eastwood en donde, con mayor talento y capacidad, se analiza la utilización de imágenes y símbolos para reiterar un sentimiento patriótico y, al mismo tiempo, juntar recursos durante la Segunda Guerra Mundial. La película se llama Flags of Our Fathers [en México, La conquista del honor] (2006).

Al quitar esa secuencia que menciono, el personaje del Capitán América se apega, como ya dije, al guión del superhéroe de antaño: moralmente incorruptible, luchador incansable, abnegado, ingenuo, etc., etc. Los personajes que lo rodean también entran en el cliché: superior que desconfía de sus capacidades, mujer guapa que al principio lo ignora, amigo del alma que lo quiere a pesar de todo, enemigo que tiene un plan para acabar con el mundo, etc. etc.

Me parece prudente hablar del trabajo actoral: 1) Chris Evans: desde su elección fue criticado y creo que su desempeño no fue tan malo como se esperaba, pues, hacer cara de idiota durante la primera parte del filme si le salió bien, en la segunda parte ya no sostuvo al personaje porque no transmite ese liderazgo que tiene el Capitán América; 2) Hayley Atwell: uno de los tantos descubrimientos que tiene Woody Allen es esta actriz que tuvo su primer protagónico en Cassandra´s Dream; lamentablemente, su personaje Peggy Carter estaba escrito con las patas desde el guión y termino siendo la “chica guapa” anodina de la historia; 3) Tommy Lee Jones: como otros actores reconocidos que han trabajado para Marvel Studios (Mickey Rourke y Anthony Hopkins), el señor cobró y se fue del foro; no obstante, a él si le dieron dos o tres diálogos para lucirse; 4) Hugo Weaving: deje al final a este actor porque me decepcionó muchísimo, no puedo creer la interpretación que hizo de Red Skull, en verdad, que el director no se dio cuenta que su actor ni siquiera pudo sacar en una escena el acento alemán que le pedían; desde el acento ya no avanzo su actuación, se perdió y nunca pudo levantar ni provocar algún aspecto tétrico de su personaje.

Por otro lado, algo que pensé al salir de la sala fue que todo el presupuesto se fue con Capitán América y las migajas se fueron para Thor (ahora entiendo el pueblo de cuatro por cuatro que tenía esa película). Los efectos especiales no sólo se limitan a batallas o grandes escenarios (que si los tiene) si no van más allá, pues, es de resaltarse la caracterización que tiene el actor principal para parecer enclenque y debilucho; también, el maquillaje para Red Skull es otro acierto (aunque el actor no ayudo mucho pero bueno). La ambientación de la época, tanto en diseño, vestuario como en escenografía, se ve un trabajo adecuado.

Para finalizar, (y recordando lo que puse en mi entrada de X-men: First Class) apreció que el director y los guionistas no hayan caído en quimeras históricas. Entienden que la historia del Capitán América ocurre en el contexto de la Segunda Guerra Mundial y por eso recurren a personajes, grupos y situaciones históricas concretas, pero, al mismo tiempo, crean una historia aparte y paralela. Por ejemplo, la organización que está detrás de todo el asunto no son los nazis (en particular) sino un departamento de investigación (ficticio) llamado “Hydra”. Es decir, respetan los hechos históricos y no andan inventando sandeces como que su personaje modificó algún aspecto de la historia.

En resumen, la película Capitán America: El Primer Vengador es una reiteración de ese guión del superhéroe tradicional que ya se conoce y que le gusta al gran público –claro, a excepción de la escena en donde se crítica, con ironía, la utilización de la figura del Capitán América–. Por lo menos, Marvel Studios puede presumir que tiene dos películas rescatables, Iron Man (2008) y ésta.

domingo, 5 de junio de 2011

“X-Men: First Class” [“X-Men: Primera Generación”] (2011) de Matthew Vaughn



Mutantes van, mutantes vienen.

Desde el año 2006, cuando se estrenó X-Men: The Last Stand de Brett Ratner, las compañías involucradas en la franquicia de X-Men (dos principalmente: Marvel Studios y Twentieth Century Fox) ya estaban pensando cuál sería la siguiente película de mutantes. La premura de estas compañías surgió al ver el pobre resultado que dio Brett Ratner tanto en pantalla como en taquilla; también, otra razón fue que gran parte del elenco (entre ellos Halle Berry, Ian McKellen y Patrick Stewart) subrayó en su contrato que sería la última vez (por eso el título de The Last Stand) que interpretarían a sus personajes.

No extrañó esta decisión del elenco, pues, desde X2 (2003) algunos habían externado su deseo por abandonar el proyecto. Por otro lado, Hugh Jackman, al finalizar el rodaje de The Last Stand, era el único seguro para una posible secuela. La mentada secuela fue lo primero que descartaron las compañías involucradas, pues, aparte de que no contarían con más de la mitad de los actores, los guionistas Simon Kinberg y Zak Penn habían destruido y manipulado tanto la historia de los X-Men que se veía imposible que un nuevo director y un nuevo guionista pudieran reparan el daño.

Al tener seguro a Hugh Jackman, las empresas decidieron basar el siguiente proyecto en Wolverine. No solo eso, decidieron que todo empezaba de cero y que se contaría el inicio de cada mutante. Es decir, harían una película por mutante y en ella explicarían su nacimiento e inclusión con los hombres X. La primera película sería sobre Wolverine y la segunda de Magneto. El proyecto inició su producción y logró su estreno en 2009 bajo el título de X-Men Origins: Wolverine de Gavin Hood.

De los resultados que obtuviera, la película de Gavin Hood, dependerían las otras películas sobre X-Men. Incluso se adelantaron e intentaron convencer a Ian McKellen para que retomará su papel en X-Men Origins: Magneto. Por supuesto, este último proyecto como todos los demás acerca de mutantes se fueron al bote la basura, pues, la película protagonizada por Hugh Jackman fue un fracaso estrepitoso. No sólo por los errores garrafales en dirección y en guión sino por la nula recaudación en taquilla. El inexperto y torpe director Gavin Hood se unió a lista de los peores directores de películas sobre comics.

Todo proyecto acerca de los X-Men se detuvo y se pensó en dar fin a cualquier filme de mutantes. Dentro de las compañías que mencioné arriba, algunos insistían en que la franquicia podía dar más y que las historias del Profesor Xavier y sus pupilos daban para más de cinco películas. En este sentido, pensaron en volver incluir a aquel hombre que había dejado dividendos importantes para estas historias y que, probablemente, bajo su supervisión los hombres X volverían a hacer lo que fueron antes de The Last Stand. Ese hombre había sido el director y guionista de X-Men (2000) y X2 (2003), sin duda, hablo de Bryan Singer.

Incluir y convencer a Bryan Singer no fue complicado, pues, su carrera como director se encontraba detenida por dos fracasos al hilo (Superman Returns (2006) y Valkyrie (2008)). Le presentaron el proyecto “Origins” (del que se supone, según rumores, ya había un guión sobre Magneto) y lo desecho. Su conocimiento de los hombres X le permitió presentar un nuevo proyecto, que se apegaba a la historia contada por Stan Lee en los comics y que se llamaba “First Class”. Esta historia, en los comics, abordaba los primeros años de la escuela de Charles Xavier y a sus primeros alumnos (Cyclops, Storm, Jean Grey y otros). Le aprobaron su propuesta, pero, Bryan Singer decidió no dirigirla sino únicamente producirla y hacer el guión.

Al estar en Marvel Studios ocupados por su –nefasto– proyecto de The Avengers, dejaron a la productora Bad Hat Harry (que por cierto produce House M.D.) que eligiera al director. En el año 2010 una película de superhéroes impactó a la crítica y gustó al gran público, me refiero a Kick-Ass. El buen trabajo hecho en esta película le valió al director Matthew Vaughn que le ofrecieran la dirección de First Class.

Ya con director, productor, guionista y un elenco de jóvenes actores, arrancó la filmación de First Class. Creo que, al ver el resultado en pantalla, a la productora Bad Hat Harry le benefició que Marvel Studios estuviera ocupada dirigiendo el proyecto de The Avengers, pues, tanto Bryan Singer como Matthew Vaughn se dedicaron a contar la historia de los hombres X y no como otras películas (Thor, Iron Man 2, etc.) que se vieron obligadas a contar una historia dentro de otra.

X-Men: First Class

Al iniciar la realización del guión, Bryan Singer dio algunas ideas generales, a un grupo de guionistas, sobre la primera generación de alumnos de Charles Xavier. De esas ideas todos sumaron y restaron para que tuviera forma el guión definitivo; digo esto porque en los créditos aparecen seis personas como guionistas. Desde que vi el poster final, me llamó la atención que no aparecían los tres primeros alumnos de Xavier: Cyclops, Storm y Jean Grey. Supongo que decidieron no explotarlos en esta primera película acerca de los inicios de los X-Men; aunque no me queda claro por qué, pues, el comic “First Class” es claro en este punto.

La historia que eligieron narrar fue sobre cómo se dio la relación (y amistad) entre Charles Xavier y Erik Lehnsherr. Para esto retomaron la primera escena de X-Men (2000), en la cual se observaba a un niño que es separado de su madre, dentro de un campo de concentración nazi, por lo cual, el niño demostraba frente a todos los soldados sus poderes mutantes. Justo en ese momento, comienza la historia que nos propone el director Matthew Vaughn.

Este director británico tiene, antes de First Class, tres trabajos. Como ya mencioné, dirigió en 2010 la ovacionada Kick-Ass, también se encargó de Stardust en 2007 y en 2004 presentó su ópera prima, Layer Cake. De su filmografía sólo me falta ver su primera película; las otras dos películas me parecieron bastante solventes e incluso –más en el caso de Kick-Ass– propuestas arriesgadas.

Desde el inicio de la película, uno se percata que sus protagonistas son Magneto y el Profesor X, ya que, la primera mitad de la película trata de cómo se desarrollaron sus vidas antes de su encuentro. En este sentido, más allá de la solvencia de sus actores y su narración ágil y atenta, el director cae en una edición parca, pues, al estar cambiando de tiempo y, luego, de espacio entra en un diálogo, o mejor dicho discurso, en donde cambia de escenario con una cintilla abajo que indica en que parte del mundo se está ahora. Creo que pudo mejorar ese viaje constante de un lugar a otro con una edición distinta. En la segunda parte de la película, cuando ya se dio el encuentro entre los protagonistas e inicia el reclutamiento de mutantes, el director recuerda su trabajo en Kick-Ass y propone una edición más elaborada que plantea un mejor uso del encuadre y se olvida de lo sobrio que resulto el montaje de la primera parte, logrando momentos emocionantes y diálogos que serán recordados por más de uno.

La elección de actores es otro acierto para esta película. Empezaré por los protagonistas, James McAvoy y Michael Fassbender. El primero ha logrado, a partir de sus actuaciones en The last King of Scotland (2006) y Atonement (2007), un prestigio importante como actor. En esta película, James McAvoy no se basa en el viejo Charles Xavier propuesto por Patrick Stewart, sino, lo reinventa y logra puntualizar algo que se había olvidado de Xavier, es decir, que es una persona culta más allá de su poder mutante. Pero si algo caracteriza a esta película es que son dos actores los que la sostienen. Michael Fassbender también, al igual que McAvoy, recrea el personaje de Erik Lehnsherr resaltando los miedos y odios que se esconderán tras la máscara de Magneto (recientemente se estrenó en México Fish Tank. Vive, ama y da todo lo que tienes (2009), otra película donde este actor se luce). En general, el director logra que estos dos actores vuelvan creíble esa amistad que devendrá en rivalidad.

Del resto del elenco resaltaría tres actores: un clásico, una promesa y un rostro interesante. El “clásico” es Kevin Bacon, pues, este actor tomó con seriedad su papel de Sebastian Shaw y, a diferencia de otros, dio una actuación sobresaliente dentro de una película de superhéroes. La “promesa” es, sin duda alguna, Jennifer Lawrence, ya que, esta actriz nominada al Oscar abordó de manera distinta el papel de Mystique (a su antecesora Rebecca Romijn), pues, subrayó la inseguridad que envuelve en particular a esta mutante, así como, los puntos que la harán coincidir con Magneto. En pocas palabras, no tengo duda que pronto se empezará a hablar de la capacidad histriónica de Jennifer Lawrence. El “rostro interesante” es January Jones que interpreta a Emma Frost y que hace poco en México se estrenó otro trabajo de ella llamado Desconocido (2011). Habrá que seguir a esta actriz que todavía no demuestra actoralmente nada, pero que estoy seguro se convertirá en imagen de muchas películas por venir.

Hasta aquí se podría decir que la película me encantó, empero, hay un asunto en el guión que me provoca urticaria y hasta repulsión. No niego que el trabajo realizado por el director Matthew Vaughn me gustó (sobre todo la segunda parte de la película), pero, no concuerdo para nada con lo que hicieron el grupo guionistas en un punto de la historia. Me explico. Desde los avances se veía que esta aventura de los hombres X estaría ambientada en la crisis de los misiles en Cuba, es decir, se usaría la “guerra fría” como telón de fondo (o al menos así lo creía). Pues no, la “guerra fría” y la crisis de los misiles no fueron escenario sino fueron causa y efecto en la historia, es decir, a los “ingeniosos” guionistas se les ocurrió que un conflicto entre mutantes fuera la explicación histórica para estos hechos concretos (una aberración total desde mi perspectiva). No puede ser que reduzcan el conflicto entre dos potencias como Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas a una ficción (e invención) sobre mutantes. Yo hubiera entendido que la “guerra fría” se usara como referencia histórica y que en paralelo ocurriera la aventura de los hombres X. Por ejemplo, la historia del Capitán América se desarrolla en la segunda guerra mundial y aunque se menciona a Hitler y al nacional socialismo sus “enemigos” son otros [léase: The Red Skull]. No puede ser que se manipule y se deforme la historia para relatar una historia de ficción como la de los hombres X. Algo similar ocurrió con la reciente película de Quentin Tarantino, Inglourious Basterds (2009). La pregunta es ¿qué tanto puedes manipular la historia y el discurso historiográfico para contar tu historia de ficción?

Este último punto me recordó la portada de un comic en donde aparecía Barack Obama en una aventura con Spider-Man. Es una constante que Marvel Comics intenté relacionar las historias de sus superhéroes con la historia inmediata de Estados Unidos (otro ejemplo, es una portada en la que superhéroes ayudan a bomberos y policías de Nueva York a remover los escombros del 11 de septiembre del 2001). Insisto en mi dicho, creo que se pueden ubicar las aventuras de Spider-Man, Iron-Man, X-Men, Superman, Batman y otros, en el devenir de la humanidad, pero siempre dejando claro que se trata de un ámbito ficticio, pues, el mezclarlos crea un discurso raro en donde los mutantes parecen lo determinante para que se diera un suceso histórico como la crisis de los misiles en Cuba durante la “guerra fría”.

En conclusión puedo decir que X-Men: First Class se dedica, como ya dije, a contar la historia de los hombres X y nada más; no se preocupa por incluir otras historias, sino, se enfoca en sus personajes y en su narración, dejando de lado aquello que podría entorpecer su discurso. Marvel Studios debería estar en deuda con los encargados del proyecto de X-Men pues les dieron en este verano, que se veía lleno de dudas, una película solvente y bien hecha que, más allá de sus quimeras históricas, dará, como alguna vez alguien lo dijo, cinco películas o más a la franquicia.



viernes, 27 de mayo de 2011

“Presunto Culpable” (2008) de Roberto Hernández y Geoffrey Smith


Antes de Presunto Culpable

A algunos les sorprenderá que ponga el año 2008 para referirme a esta película, pero es exactamente el año en que inició toda esta aventura. La película empezó en ese año a circular en festivales y exhibiciones privadas, por lo cual, se tomó como fecha de estreno. Hay que decir que su presentación se dio en círculos cerrados y, hasta podría decir, lúgubres. Sólo unos cuantos vieron la primera versión de Presunto Culpable que, en general, eran los videos que habían tomado Roberto Hernández y Layda Negrete del caso en cuestión. Esa primera edición llamó la atención del ambiente cinematográfico; en particular del crítico Leonardo García Tsao que en una entrevista, para el Canal 22, mencionó el trabajo de estos abogados. Justo fue en esa entrevista cuando me enteré de ese trabajo y decidí esperar paciente su estreno en la cartelera mexicana.

Pasaron varios meses y el proyecto de Presunto Culpable no vislumbraba en los estrenos de cine mexicano en 2009. Otra vez García Tsao habló del documental en su participación en La Jornada cubriendo el 34 Festival de Toronto [http://www.jornada.unam.mx/2009/09/13/index.php?section=opinion&article=a08a1esp]. En esa crítica ya se hablaba de la participación de Geoffrey Smith que, según menciona Tsao, “dio una estructura al material grabado”. Poco, o nada, se conocía el trabajo de Geoffrey Smith como documentalista; por ejemplo, investigando, se puede encontrar un documental que filmó en 2007 que se llama The english surgeon [El cirujano inglés] y que en México sólo se estrenó en el festival Ambulante.

Difícil hacer la comparación entre la primera edición –que hicieron los abogados– y la que se hizo con la ayuda de Geoffrey Smith. Los que si vieron las dos ediciones dicen que el documentalista australiano ayudó de forma definitiva a que los videos que surgieron como prueba de un juicio se convirtieran en un documental. El resultado de ese trabajo lo analizaré más adelante.

Después del Festival de Toronto, Presunto culpable se exhibió en el Festival de Morelia. Justo en ese momento la película logró una divulgación más fuerte en el ámbito de la crítica cinematográfica y en círculos afines. Empezaron a surgir críticas sobre la película que hablaban de un filme que “te deja sin palabras” ó “un resurgimiento del cine de denuncia”. Tanto se habló del mentado documental que, conforme avanzaba el tiempo, más y más cinéfilos queríamos verlo.

Terminó el año 2009 y no pasó nada. El estreno seguía sin verse en el horizonte de la cartelera comercial. Había que estar atentos porque al ser documental, y mexicano, se le darían una o dos salas; aparte que duraría cinco minutos en los cines. Prácticamente, durante muchos meses, no hubo noticias ni información de cuándo se exhibiría este documental que ya era famoso entre algunos.

Un episodio que no me queda muy claro, por no contar con suficiente información, fue el momento en que Alejandro Ramírez Magaña (Director General de Cinépolis) se unió a Presunto Culpable como productor. Puedo especular que la presentación del documental de Roberto Hernández y Layda Negrete en el Festival de Morelia (creado y financiado por Cinépolis) fue el detonante para que un ejecutivo de Organización Ramírez se sumara como productor. No sólo eso, con el tiempo, Cinépolis fue el distribuidor de Presunto Culpable.

En medio de la celebración del “Bicentenario”, y con el apoyo brindado por Cinépolis a ciertas películas, se incluía el tráiler o avance de la película Presunto Culpable. Un avance de un filme mexicano antes de otro sucede muchas veces, pues, es la única ocasión que permiten los asquerosos exhibidores para que se promueva una producción nacional. Lo raro, y que me desconcertó, fue que el tráiler pasara antes de los comerciales y en una película gringa; nunca sucede de esa manera: primero son los comerciales y luego los avances. Mi interés se incrementó cuando me di cuenta que no importará que película entraras a ver a Cinépolis, siempre te pasaban el avance de Presunto Culpable.

Al indagar me enteré de todo lo que ya he dicho: 1) el presidente de Cinépolis aparecía en los créditos como productor, 2) Cinépolis sería el distribuidor del documental y 3) se estaba preparando una gran campaña publicitaria para la película (bueno esto último no lo había dicho). La campaña que empezó a finales del 2010 fue abrumadora: funciones de prensa al por mayor, preestrenos, invitaciones para políticos, entes de la farándula y periodistas.

En enero de 2011, poco a poco, la película fue cubriendo espacios en medios de comunicación. El apoyo de Cinépolis al filme se enfocó, como mencioné, en colocar un avance en todas las películas que estaban en cartelera, posters en todos sus complejos y folletos en la taquilla cuando comprabas un boleto para cualquier función. Entendí que era parte de una campaña publicitaria, empero, cuando aparecieron notas sobre la película en los espacios de Televisa fue cuando me preocupé.

Mi preocupación no era gratuita, pues, Televisa sólo se une a campañas o ideas que pueden beneficiarle. Mi desesperación por ver la película se incremento al infinito; necesitaba ver que tenía esa película que podía aglomerar a tantos medios y dar una sentencia que se repetía una y otra vez: “la película que todo México tiene que ver”.

Presunto Culpable

El documental de Layda Negrete y Roberto Hernández llegó a las salas mexicanas el 18 de Febrero de 2011. Para mi sorpresa no ocurrió lo que vaticiné a finales del 2009, es decir, que la película estaría en una o dos salas; al contrario, Cinépolis la exhibió, en su semana de estreno, en dos salas por cada complejo. Esto último nunca se había visto, ya no digamos en un documental, sino, en una película de producción mexicana. Hasta Cinemex, de Grupo México, y Cinemark le dieron una sala completa (entiéndase con todos los horarios disponibles) al documental del momento.

Desde el 2008 esperé el estreno y sin demora el primer viernes de exhibición (e incluso en la primera función del día) la fui a ver. Tanta información sobre una película a veces te predispone sobre lo que vas a observar. Por ejemplo, imaginé que encontraría una postura política ó un ataque mediático a algún político o idea. Pero no. El documental, desde que inicia hasta que termina, es una presentación y descripción de un caso que indigna a la sociedad por mostrar lo peor del sistema judicial de este país, pero, voy por partes.

Los abogados Roberto Hernández y Layda Negrete fueron contactados por la esposa de Antonio Zúñiga Rodríguez (“Toño”), quien había sido sentenciado por un delito que aseguraba no cometió. Para ambos abogados no era la primera vez que, mediante el discurso cinematográfico, abordaban el sistema judicial mexicano. El Túnel (2006) fue el primer trabajo en donde Roberto y Layda presentaron una crítica al sistema de justicia y, en particular, una defensa sobre los juicios orales utilizando el ejemplo chileno. El nombre del cortometraje venía del túnel que tienen que recorrer los presos para pasar del Reclusorio al Ministerio Público. Se podría decir que ese trabajo fue el antecedente de lo que después sería Presunto Culpable.

Al aceptar el caso de “Toño”, se decidió grabar todo lo que ocurriera en el caso. Incluso, en una medida audaz, se buscó introducir cámaras tanto en el Ministerio Publico como en el Reclusorio. El permiso fue dado y las cámaras comenzaron a seguir a “Toño” en su vida carcelaria y a registrar todo lo ocurrido en el proceso. Ese material, junto con la experiencia de El Túnel, sirvió para la primera versión de Presunto Culpable.

La versión que se vio en los cines distaba mucho de ser una simple recopilación del material que juntaron los abogados para ayudar a un presunto culpable. El trabajo del documentalista Geoffrey Smith se nota inmediatamente. No sólo se busca presentar los videos, sino, se construyó un discurso cinematográfico con ese material. Me explico. La edición recuerda mucho a cierto estilo estadounidense para hacer documentales, es decir, las escenas grabadas están acompañadas de una “voz en off”, intercalan estadísticas e información para reforzar lo dicho y, también, hay una banda sonora que se mezcla en las imágenes. En pocas palabras, el documental está bien armado y, más allá del tema, tiene un guión que narra una historia de forma correcta, pues, los personajes, como han dicho otros críticos, parecen sacados de la ficción.

Por otro lado, un aspecto terrorífico que no se ha mencionado en ninguna crítica (que haya leído) es que todos los participantes tienen una cámara sobre ellos; o sea, se les olvida, tanto a espectadores como a críticos, que estamos observando un ambiente condicionado por una cámara. Ya no es, como algunos se han atrevido a decir, “la realidad”; y no puede ser “realidad” porque toda persona que se encuentre en medio de una filmación modifica su comportamiento. Se preguntarán: ¿qué es lo terrorífico? Pues que, a pesar de estar presente una cámara, la situación filmada se efectúa como si no la hubiera, es decir, el juez, la fiscal y los testigos son mostrados a detalle y se resalta, entre otras cosas, la podredumbre que acompaña los procesos judiciales. No podía creer que estos señores (me refiero al juez, a la fiscal y a los testigos del caso), aun siendo filmados, se comportaran cínicos, altaneros, pretenciosos y pedantes; uno se imagina cómo se comportarán sin filmación de por medio, ahí está el verdadero terror.

En este sentido, un defensor de estos parásitos gubernamentales podría decir que ellos no sabían que el material recabado iba a ser expuesto como una película, pueden tener razón. Esto último lo digo (no sólo por lo que sucedió después de la exhibición del documental, sino) porque los otros (léase: “Toño” y los abogados de éste) saben perfectamente que lo filmado será parte de un proyecto para un documental. Qué quiero decir con esto, pues, que las dudas sobre el asesinato ó el pasado de “Toño” fueron presentados sin mucho detalle. Es decir, conforme avanza el filme uno se percata que se está construyendo una idea de héroe alrededor de “Toño”, ya que, insisto, se busca un personaje sin contradicciones morales (que lógicamente sólo existe en la ficción).

En general, todo el discurso cinematográfico es avasallado por la corrupción, la injusticia y el nefasto proceder de los servidores públicos; y no sólo eso, el documental cuestiona y propone un debate sobre el sistema judicial de este país. Cuesta mucho trabajo detenerse en el trabajo del director (o en este caso de los directores) ante las injusticias que muestra este documental. No tengo duda que una parte del éxito residió en la elección de escenas, la fotografía, la edición, el montaje, etc., pero, lo que convirtió a este documental en el más visto, en la historia del cine mexicano, fue la “realidad” que, sin querer, mostró de la impartición de justicia en México. El abogado penalista de “Toño” lo dice: “la cárcel está llena de jodidos”.

Después de Presunto Culpable

Al salir de la sala, donde vi Presunto Culpable, me vinieron inmediatamente a la mente dos documentales: Mi vida dentro (2007) de Lucía Gajá y Food, Inc. [Comida S.A.] (2008) de Robert Kenner. El primero trata de un tema similar a Presunto Culpable, es decir, hay un acusado y una sentencia dudosa. La reclusa, al igual que “Toño”, busca un nuevo juicio para que su sentencia se reduzca o salga en libertad. El problema es que esto sucede en Estados Unidos y la involucrada es inmigrante. Lucía Gajá busca dar un equilibrio entre el contexto de racismo, discriminación y prejuicios que existen contra los migrantes y la vida de Rosa Jiménez. No estaría mal revisar tanto el trabajo de Roberto Hernández como el de Lucía Gajá para darse cuenta de que la justicia sólo se aplica para aquellos que no tienen los recursos económicos para defenderse.

El segundo documental (Food Inc.), aunque trata un tema distinto a Presunto Culpable, lo recordé por una cuestión sencilla: los permisos para aparecer en un documental. Así es –en Estados Unidos esto se sabe a la perfección– si haces un documental debes tener el permiso de usar la imagen de los entrevistados, de las imágenes, de las instituciones y hasta de los perros. No puedes exhibir el documental si no tienes todo esto en regla, pues, en dos segundos, llegan de demandas. Food Inc. aborda el asunto de la sobreproducción de comida, así como las compañías involucradas en este negocio como Nestlé, por ejemplo. Al investigar a compañías tan poderosas (sobre todo en el congreso de EUA), los realizadores de este documental sufrieron porque nadie podía hablar de éstas, no digamos una denuncia, sino, un simple comentario. Los rastros ó los lugares insalubres donde tienen gallinas y vacas no podían ser filmados y sortearon muchas restricciones al hacerlo. Lo importante –con relación a Presunto Culpable– es que los entrevistados pedían directamente que no sacaran su rostro por temor a represalias, incluso, en varios casos, primero daban su permiso para la entrevista y posteriormente recibían una llamada (o ellos la hacían) para después retractarse.

Nada de esto pensaron los directores y productores de Presunto Culpable. El permiso que recibieron para filmar el proceso de “Toño” se enfocaba al juicio y a los careos. Nunca se dijo que se haría un documental con el material recabado y que buscarían distribuir y exhibir su película en el círculo comercial. De los personajes que aparecen, en dicho filme, se podrá decir lo que se quiera y se les podrá hacer escarnio mediático, sin embargo, nunca se les informo a donde iría a parar su imagen. Es decir, una cosa es que filmes un juicio y luego utilices ese material como prueba a tu favor y otra cosa es que cobres 60 pesos por ver ese material. Son dos cosas distintas. No sé si los involucrados en Presunto Culpable son muy “vivos” o muy imbéciles, lo que si me queda claro es que la ley mexicana no contempla estos casos en donde se debe requerir tu permiso para aparecer en una película; esto pasa en EUA y los dejan en calzones.

Poco o nada se logró con el documental Presunto Culpable en la realidad nacional. La denuncia era clara y sólo algunos políticos refrendaron su apoyo a que se filmaran todos los juicios –que está por verse ahora que pasó el vendaval mediático–. La cuestión de la presunta culpabilidad y un posible cambio hacia una presunta inocencia quedó en el olvido. Así es, cuando el tema interesó a los medios de comunicación todos plantearon propuestas y cuestionaron a la Suprema Corte; también, abordaron en sus espacios debates sobre el sistema judicial mexicano; hoy, pasó la película y pasaron todas esas iniciativas. Esta actitud se debe a que "adentro" de la película se buscó no hablar de un partido o un personaje político en particular (por ejemplo, la película le gustó tanto a López Obrador como a Margarita Zavala); el problema es que "afuera" de la película no se puede mantener esta actitud, hay partidos y personajes con nombre y apellido que podrían encargase de modificar algo en la constitución, pero, justo ahí fue cuando se le dio la vuelta a la página de Presunto Culpable.

La supuesta censura, ya para terminar, dependía desde donde la vieras. Yo le dije a mi hermana: “Presunto culpable generará mil demandas por todos los que ahí aparecen, pues, nadie firmaría o daría permiso, en su sano juicio, para que su imagen apareciera de esa manera”. No todos los ofendidos se animaron, sólo uno (tal vez asesorado) se atrevió a exigir el dinero que le correspondía por la exhibición de este documental. De mi parte, tiene razón; debieron pedirle permiso aunque fuera el peor ser humano sobre la Tierra.

Me gustaría finalizar pensando que a partir de Presunto Culpable el documental mexicano será un género que interesé al gran público que asiste al cine, pero no. Ya se estrenaron como cinco documentales, después de éste, y a nadie le importó, únicamente a los mismos de siempre. Lograr lo que hizo el filme de Roberto Hernández requeriría que Cinépolis lo distribuyera, lo produjera y que alejaras de tu guión cualquier crítica política y económica que incomodara a ciertos grupos; entonces sí, el fenómeno se repetiría, aunque, no soy optimista.

lunes, 2 de mayo de 2011

“Thor” (2011) de Kenneth Branagh


UN POCO DE HISTORIA

En Iron Man 2 (2010), después de los créditos, venía una escena de Thor. En ésta se podía observar un automóvil que llegaba a algún lugar de Nuevo México –así lo indicaban las placas– y se detenía frente a un gran cráter. De él bajaba el Agente Phil Coulson (integrante de S.H.I.E.L.D.) que sacaba su celular y mencionaba a un misterioso interlocutor: “señor, lo encontramos”. El Agente se refería, ni más ni menos, al martillo de Thor.

Toda esta historia empezó en el año 2008. En ese año se estrenaron Iron Man y The Incredible Hulk y con ello surgió el proyecto The Avengers [Los Vengadores] (2012). A partir de ese momento, en adelante, todas las películas tendrían una escena final que haría referencia al siguiente filme de la productora Marvel Studios ó al “gran proyecto” donde estarían todos los superhéroes.

Antes del año 2008 ya se había hablado de Los Vengadores y se habían programado menciones a ésta en películas como X-Men (2000) de Bryan Singer, Spider-Man (2002) de Sam Raimi y Hulk (2003) de Ang Lee. La idea no fructificó, pues, no interesó el proyecto a la productora ni a los directores antes mencionados. Cabe destacar que los tres directores habían sido contratados, según los rumores, para hacer tres películas de cada uno de sus superhéroes. La recaudación en taquilla sólo permitió que uno lo lograra, Sam Raimi; los casos de Bryan Singer y Ang Lee fueron distintos, pues, al primero sólo le permitieron hacer dos y al tercero –que fue un fiasco su versión de Hulk– sólo una.

Los fracasos en taquilla y en crítica de Daredevil (2003), Elektra (2005), Fantastic Four (2005), X-Men: The Last Stand (2006) (dirigida por Brett Ratner [en sustitución de Bryan Singer]), Fantastic Four. Rise of the Silver Surfer (2007), Ghost Rider (2007) y –el último clavo del ataúd– Spider-Man 3 (2007) fueron motivo suficiente para cambiar la estrategia de Marvel Studios. La inversión en estas superproducciones, como ya mencioné, no se reflejó en taquilla ni en crítica, por lo cual, decidieron reiniciar ó matar varias de estas franquicias. Por ejemplo, reiniciaron Spider-man, Daredevil, Hulk y X-Men y mataron a Fantastic Four. El siguiente paso fue preparar Iron Man y The Incredible Hulk (ya sin Ang Lee y con un nuevo título) pero, ahora sí, con la mira puesta en Los Vengadores.

A pesar de lo que se diga de Ang Lee, Sam Raimi y Bryan Singer, y antes de que entraran a proyectos de superhéroes, estos directores ya habían tenido algún trabajo a destacar. Sólo por mencionar un trabajo de cada uno: The Usual Suspects [Sospechosos Comunes] (1995) de Bryan Singer, Wo hu cang long [El tigre y el dragón] (2000) de Ang Lee y The Evil Dead (1981) de Sam Raimi. Insisto, gustará o no su trabajo, pero, por lo menos, tenían una carrera en el cine y eran congruentes con su idea para filmar y dirigir. Después de ellos, Marvel Studios contrató a directores que venían de la televisión y, en su mayoría, con trabajos mediocres (o nulos) en cine. Decidieron invertir en efectos especiales, en grandes locaciones, en actores y en publicidad; en guionistas y directores decidieron que no, pues, para Marvel Studios no son importantes (y lo han demostrado con creces).

La primera señal, de que esta forma de pensar no llevaría a nada (cinematográficamente hablando, pues, económicamente es diferente), la dio el actor Edward Norton. Él fue el primero en mencionar que el director no tenía (ni tiene) control sobre los filmes de Marvel Studios. Según él, el productor es el encargado de decidir qué escenas se quedan en la edición y qué escenas son cortadas, cuánto debe durar la película, qué cambios repentinos hay en el guión y lo que se acumule. Incluso Edward Norton (que protagonizó The Incredible Hulk), al ver tanta pasividad del director, quiso intervenir en la dirección y lo dejaron; pero, en la edición final, no incluyeron ninguna de sus ideas. No por nada, Norton está fuera del proyecto Los Vengadores y por hacer estas declaraciones Marvel Studios no lo quiere ver ni en pintura.

Si la experiencia fue tan mala con The Incredible Hulk, por qué no había sucedido lo mismo con Iron Man. Tanto Jon Favreau –director del filme– como Robert Downey Jr. –protagonista– desmintieron a Edward Norton y dijeron que tal injerencia del estudio no era cierta. Sin embargo, los hechos desmintieron, no a Norton, sino, a Favreau. Al finalizar el rodaje de Iron Man 2, Marvel Studios se reunió con el director y le mencionaron que ya tenían al elenco y al guionista para Iron Man 3 (2013), es decir, le dijeron que ya habían hecho su trabajo y que él sólo dirigiría lo que le indicaran. A pesar de ser un director mediocre, Jon Favreau tuvo dignidad y decidió abandonar tanto su actuación en Los Vengadores como su futura dirección de Iron Man 3.

Estos casos se repiten una y otra vez en Marvel Studios desde la llegada a la presidencia de un tal Kevin Feige. Este sujeto al parecer tiene el control total de la edición final de cada cinta; sin contar que ahora Walt Disney compró Marvel Entertainment (que incluye Marvel Studios, Marvel Comics y otras). Imagínense los filtros por los que deberán pasar todas las películas de esta casa productora. Supongo que por esos filtros ya pasó Thor porque se nota.

THOR: “EL DIOS DEL TRUENO” Ó “EL PODEROSO VENGADOR”.

La primera pregunta que nos hacíamos los seguidores de este tipo de películas era: ¿quién interpretaría a Thor? No era sencilla la elección, pues, Robert Downey Jr. había sido elegido para interpretar el papel de Tony Stark y Iron Man; Edward Norton había sido elegido para interpretar a Bruce Banner y Hulk. Como sea, ambos actores tenían grandes actuaciones en su carrera, al primero se le recordaba por Chaplin (1992) y al segundo por American History X (1998).

Cuando Marvel Studios declaró que Chris Hemsworth era el encargado de llevar el traje de Thor varios se quedaron pensando quién era ese tipo. Yo recordaba, de alguna película, ese nombre, pero acepto que tuve que revisar su filmografía. Y recordé: él salió en una de mis recientes películas favoritas, Star Trek (2009) del director J.J. Abrams. Interpretaba al papá de James Tiberius Kirk, capitán del Enterprise, y puedo decir que lo hizo magistralmente, incluso me atrevo a aseverar que la escena en donde aparece, que es la primera del filme, es lo mejor de la cinta. Con esos antecedentes decidí darle el beneficio de la duda a este actor.

El director, como aludí arriba, es lo que menos importa para Marvel Studios y precisamente por eso fue lo último que anunciaron. Kenneth Branagh fue el esclavo elegido, perdón, el director elegido para Thor. Su último trabajo, sin duda a resaltar, fue Sleuth (2007) –segunda adaptación cinematográfica de la obra teatral de Anthony Shaffer [que en días recientes hicieron Daniel Giménez Cacho y José María Yazpik] – y que resaltó por el duelo actoral que tenían a cuadro Jude Law y Michael Cain. No obstante esta película, sus recientes trabajos eran de regulares a malos. Tal vez, una película de superhéroes sería la oportunidad que este cineasta necesitaba para regresar al medio y presentar un trabajo que le devolviera el reconocimiento que logró por Henry V (1989); pero, lamentablemente, no fue así.

En realidad, siendo honesto, se supo poco o muy poco del rodaje de Thor. Cobró cierta importancia cuando se filtró que en el elenco estaban Natalie Portman y Anthony Hopkins; en México, Adriana Barraza (actriz sobrevalorada) dio la nota cuando dijo en una entrevista que estaba filmando Thor. Lo interesante recaía –según lo platiqué en algún momento– en cómo haría Marvel Studios para revivir a Thor, pues, poco o nada se había hecho de este superhéroe en los años recientes, tanto en TV, comics y, mucho menos, en cine. Ya nadie se acordaba de Thor.

Otra vez, como lo hizo con las dos anteriores de Iron Man, la distribuidora Paramount Pictures aprovechó el famoso “Día del Niño” y estrenó Thor el viernes 29 de Abril. También, como ya es costumbre, salió en versiones subtituladas y dobladas al español, así como salas en tercera dimensión y en IMAX 3D.

La película no sé si me defraudo ó confirmó todo lo que venía pensado sobre Marvel Studios y el proyecto de Los Vengadores. Antes me detengo en la película:

La historia de Thor se basa, supuestamente, en la mitología nórdica. Al principio del filme hacen referencia a esta base, pero se enfocan al padre de Thor, Odín, que lucha contra unos seres de hielo que logra vencer quitándoles su fuente de poder. Enseguida, hay una escena minúscula de la infancia de Thor, en donde todos tenemos que entender porque Thor será rebelde, intrépido, valiente y bravucón. Repito, la escena dura 2 minutos e intentan explicar todo; incluso hasta porque le tiene envidia su hermano Loki.

Años después, en la coronación de Thor como rey de Asgard, irrumpen varios seres de hielo que Odín había derrotado en el pasado. Son destruidos, sin embargo, lograron arruinar el momento de Thor al mostrarlo como un valentón que no mide las consecuencias. A partir de aquí se desatan eventos que mandan a Thor a la Tierra y provocarán un enfrentamiento final con su hermano Loki.

De lo poco que recuerdo de la caricatura de Thor, que es mi única referencia, nada de esto se parece. Por ejemplo, si no me equivoco, Thor vive en la Tierra con una identidad secreta y, lo más importante, su hermano Loki es su archirrival. Me dirán que en lo de Loki si se parece, pero no, el personaje de la película está construido con las na.., patas, y al individuo que eligieron para que lo interpretara (ya que no lo puedo llamar actor) es pésimo. No hay duda que las actuaciones en esta película no estuvieron al mínimo nivel que se esperaba, empero, el guión y la edición se nota que pasaron por un tratamiento de corta y pega pero en detrimento de la historia.

La película dura, aproximadamente, 114 minutos, por lo cual, al detectar los hoyos que hay en la narración y los nulos puntos dramáticos supongo que el director presentó una película de más de 120 minutos. Pero alguien, tal vez el productor, le dijo que la recortara a dos horas o menos. El resultado es una cinta mal editada, mal narrada y mal ejecutada. Por otro lado, el director (si es que en algún momento tuvo decisión en algo) presentó una historia que va de más a menos, es decir, el inicio es adecuado porque presenta un gran drama entre padre e hijo y unos villanos de hielo que si dan escalofrió, pero, al avanzar la historia, se olvida de esto y nos ubica en un aprendizaje que tiene el héroe -que nunca vemos cómo lo logró- y un duelo entre hermanos que se saca de la chistera. Sin mencionar que su guión se pierde y ocurren situaciones ilógicas, así como decisiones de sus personajes que iluminan su pésima construcción de éstos.

Como ya mencioné, el sujeto elegido para Loki, Tom Hiddleston, no logra en ningún momento interpretar nada y creo que una silla hubiera hecho mejor su papel; también dije arriba que Thor era un superhéroe, por llamarlo de una forma, un poco gris, pues, Chris Hemsworth no ayuda mucho, tanto su actuación como el personaje se quedaron en lo mismo que ya eran, grises, muy grises; en este sentido, se vuelve una constante que actores reconocidos sólo acudan a cobrar y se vayan del set sin hacer nada, eso pasó con Natalie Portman y Anthony Hopkins que su mejor actuación la hicieron al recibir su cheque.

Cerca de concluir este texto, me gustaría retomar lo que decía sobre si me defraudo la película o si confirmé lo que pensaba sobre el proyecto de Los Vengadores. Estaría bien recordar que, cuando surgió el proyecto de Los Vengadores, DC Comics (la otra productora de superhéroes) puso en la mesa el proyecto de La Liga de la Justicia. El panorama no era adecuado porque Superman Returns (2006) de Bryan Singer había sido un fracaso monumental; aunque, los ejecutivos quisieron colgarse del éxito de Batman Begins (2005) y The Dark Knight (2008) ambas dirigidas por Christopher Nolan. Elucubraron un plan en el que, según ellos, se reiniciaría Superman, se haría una película de Green Lantern y, por último, se realizaría una tercera película de Batman para que las tres historias se unieran y así surgiera La liga de la justicia.

Christopher Nolan, que es un director que ha revolucionado las películas basadas en comics, les dijo: "no". Sus razones eran validas, pues, alegó que sujetar las historias a una gran historia perjudicaría la creatividad de guionistas y directores al tener que someterse a contar una historia dentro de otra. En pocas palabras, mezclar universos no le parecía a Nolan lo más indicado para los filmes futuros de la empresa. Afortunadamente lo escucharon y no se hará La liga de la justicia; bueno, en realidad, si se hará pero dentro de muchos años.

Nolan tiene mucha razón, según lo veo, pues el ejemplo, de que hacer eso es un error, está en Los Vengadores. La historia de Thor se habría desarrollado mejor, creo, si no se hubiera sometido al guionista y al director a hacer referencias forzadas a Los Vengadores. Puedo aseverar que estaban más preocupados en hablar de eso que de contar una historia de Thor. Me pregunto cómo puede trabajar un director con la mitad del elenco elegido y con el guión escrito y aprobado. Y estoy seguro que a Captain America: The Firts Avenger [Capitán América: El Primer Vengador] (2011) de Joe Johnston le sucederá lo mismo.

En conclusión pienso que la película sí me decepcionó y sí confirmé todo lo que creía de Marvel Studios. Su “gran proyecto” de Los Vengadores recaudará millones de dólares por el mundo –de eso no tengo duda–, sin embargo, su aportación a la historia del cine, a la reflexión filosófica de la figura del héroe y a las cintas de superhéroes será pobre y estúpida. Por eso, mejor enfoquémonos en DC Comics y en Christopher Nolan que si tienen algo que decir.

martes, 14 de diciembre de 2010

“Harry Potter and the Deathly Hallows: Part 1” ["Harry Potter y las Reliquias de la Muerte: Parte 1"] (2010) de David Yates.


"EL DESENLACE DEL FENÓMENO MUNDIAL"


En la publicidad dedicada para esta “última película” (todavía no lo sabemos con seguridad) de Harry Potter, dividida en dos partes, se leen frases como la que subtitula la entrada de mi blog: “el evento cinematográfico de una generación”, “el desenlace del fenómeno mundial” y otras. No cabe duda, más allá de la campaña publicitaria con tintes épicos, que el personaje creado por J.K. Rowling se convirtió, a través de sus 7 libros, en una franquicia redituable tanto en venta de libros como en recaudación en taquilla (simplemente la primera parte del final lleva $257 millones de dólares, hasta el último corte de caja). Las ganancias que alrededor del mundo recoge “Harry Potter” han hecho de J.K. Rowling una de las mujeres más ricas de Inglaterra y a Warner Bros Pictures sus 7 películas le han dejado millones de dólares, por manejar su producción y distribución.


El problema, entre todos estos montones de dinero, es que la historia del mago no ha logrado trascender más allá de la recaudación monetaria, es decir, tanto libros como películas no han aportado nada a la historia del cine o literatura. Desde luego, muchos dirán que no es el objetivo final, sin duda, tienen razón, pero, que no haya nada que rescatar me sigue sorprendiendo. En mi caso, hasta la quinta película, Harry Potter and the Order of the Phoenix (2007), no había tenido la necesidad de sentarme a observar las aventuras de este mago; principalmente por mi aberración al tema de la magia tratado de esta forma y a la ausencia de un director u actor que valiera la pena.


En cuestión de los libros, sólo me senté a hojear el primero, Harry Potter and Sorcerer’s Stone, y descubrí que el estilo de J.K. Rowling no era de mi agrado y renuncié a la idea de algún día destruir mis retinas con esas historias tan superficiales para abordar el asunto de la magia, la brujería, etc. Posteriormente, regresando a las películas, vino un pequeño interés por ver una de las películas, ya que, el director mexicano Alfonso Cuarón había sido designado para rodar Harry Potter and the Prisoner of Azkaban (2004). Empero, Cuarón tenía el antecedente de Y tu mamá también (2001) (muy aplaudida en el extranjero; muy criticada en México) y no logró quitarme la apatía de sentarme alrededor de adolecentes para ver “Harry Potter”. Hasta este momento pensaba que nunca vería una película del estudiante de Hogwarts.


Todo cambió con el estreno de Harry Potter y la Orden del Fénix, pues, su reparto incluía a una actriz que me parece sumamente interesante su trabajo: Imelda Staunton. A esta actriz la había ubicado por su trabajo en la película El Secreto de Vera Drake (2004) de Mike Leigh, y pensaba que no me decepcionaría en la “Orden del Fénix”. Y así ocurrió, en el análisis final de esa película su trabajo resulta impecable. No obstante, desde ese quinto filme, para todos, primero para mí, descubrí que sus protagonistas son arropados por la producción para que no se noten a cuadro las carencias tan enormes que tienen, pero, más adelante abordaré el asunto concreto de los filmes.


La siguiente película que me llevo a estar sentado en una butaca donde se exhibiera Harry Potter fue el estreno de Harry Potter and the Half-Blood Prince (2009), en la cual repetía el director David Yates y rompía la supuesta “tradición” de cambiar director en cada película. Otra vez fue un actor lo que me orilló a convivir con adolecentes de dudosa calidad intelectual. En esta ocasión fue el actor inglés Jim Broadbent, pues, su actuación en And when did you last see your father? [La última vez que vi a mi padre] (2007) de Anand Tucker, me había parecido por demás impoluta y excelsa. Este antecedente no salvo de que su interpretación del Profesor Horace Slughorn, en Harry Potter y el misterio del Príncipe, fuera deslucida y llena de apatía; lamentablemente no se repitió una digna actuación como en el caso de Imelda Staunton. Aparte que lo único que recuerdo de esa película es el robo que se cometió contra los que elegimos la versión en tercera dimensión, puesto que, más tardabas en sentarte que en finalizara la única escena que venía en ese formato.


Como podrán leer, mis dos experiencias con los filmes de Harry Potter han sido por medio de un actor o una actriz que se han sumado al elenco y que han resaltado de la mediocridad que regularmente acompaña sus repartos. Algunos podrían mencionar los nombres de Ralph Fiennes (interpretando a Lord Voldemort) o Helena Bonham Carter (interpretando a Bellatrix Lestrange), pero, sin aludir a lo limitado o contado de sus apariciones, se nota que ambos actores, prácticamente, cumplen con su trabajo y no quieren, o no desean, dar lo que se les vio en otros trabajos como The English Patient (1996) ó The Wings of the Dove (1997).


Para esta última película, en dos partes, mi interés no era otro más que observar el final de esta franquicia y esperaba que, al ser el “el desenlace del fenómeno mundial”, el director, que ya llevaba dos fétidas películas, se inspirara y corrigiera el camino, pero, no fue así, me demostró que, si las otras me habían parecido bodrios, ésta las superaría con creces.


PARTE 1


Como mencioné arriba, las únicas dos películas que he visto de Harry Potter, antes de ésta, eran Harry Potter y la Orden del Fénix (2007) y Harry Potter y el misterio del Príncipe (2009), ambas del mismo director David Yates. Este señor Yates, que se dedicaba a la televisión inglesa y a realizar algunos cortometrajes, fue elegido para realizar las últimas películas de Harry Potter, desde la quinta hasta la novena (que se estrenará en 2011). La elección probablemente, y estoy especulando, se debió a los premios BAFTA (British Academy of Film and Television Arts) que obtuvo de sus cortos y su trabajo en TV. También, sumado a esto, David Yates logró que la recaudación subiera después de que su antecesor, Mike Newell, fuera criticado por J.K Rowling y no lograra las expectativas económicas que se tenían para el filme Harry Potter and the Goblet of Fire (2005).


A partir del año 2007, Yates se apropia de la dirección y se suma, al proyecto de “la Orden del Feníx”, el guionista Michael Goldenberg. Sin conocer los motivos reales, sólo el pésimo guión que hizo, para la siguiente película cambian a Goldenberg por el guionista Steve Kloves. No sorprende que la tarea de hacer el guión de “El Misterio del Príncipe” recayera en Kloves, puesto que, éste ya había hecho los guiones de Harry Potter “y la piedra filosofal”, “la cámara secreta”, “el prisionero de Azkaban”, y “el cáliz de fuego”. En pocas palabras, regresaron a lo que ya les había funcionado; y para esta primera parte, de dos, vuelve a realizar el guión.


En general, iniciando el análisis concreto del filme, (y sabiendo de antemano que no soy fan de películas ni de libros) me parece que la idea que permea a todos los filmes, o por lo menos los que he visto, es que el personaje de Harry James Potter aprende algo nuevo de magia y conoce un “secreto” que lo acerca, cada vez más, al enfrentamiento que tendrá con Lord Voldemort, ya que, según se lo han hecho saber, él es “el elegido”. Aparte de estos elementos, que considero repetitivos en todos los guiones sobre Harry Potter, se agregan las aventuras que vive con Hermione Granger y Ron Weasley, así como, su relación con distintos profesores y personajes secundarios que se han ido sumado a la historia.


En definitiva, la historia se resume en la formación de un mago que tendrá que enfrentar y vencer a su némesis que, aparte, mató a sus padres (por si había alguna duda que estamos ante un refrito). Afortunadamente sólo me he ejecutado dos (ahora tres) películas y puedo decir que en ellas no pasa nada, es decir, la gran trama, que culminará con la novena película, avanza lentamente al igual que las subtramas que tiene cada película, ya que, al concluir cada una, se llega a la misma conclusión, o sea, todo se resolverá cuando se enfrenten los dos magos.


En particular, hablando de Harry Potter y las reliquias de la muerte. Parte 1, se pensaba que ocurrirían más cosas, ya que, supuestamente se dejarían para el final-final: la acción, la aventura, la resolución de conflictos, los romances entre los personajes, etc. Sin embargo, otra vez, no pasa nada; la historia se queda nuevamente en lo mismo que ya se abordó en las anteriores: tramas inconclusas, circunstancias anodinas, bromas repetitivas, misterios simples, muertes intrascendentes y otras.


Mención aparte merece la nula dirección de actores y del montaje que hace David Yates. En primer lugar, Daniel Radcliffe no tuvo, no tiene, y no tendrá, el nivel actoral mínimo que se requiere para que alguien se dedique a la actuación; todas sus actuaciones, en estas películas, han estado bajo una sobreprotección por parte de los directores en turno, así como, un juego de cámaras, en donde la cámara tiene que buscar la “actuación” de este señor y no al revés. En segundo lugar, el acompañamiento por parte de los co-protagonistas: Emma Watson y Rupert Grint. Sobre la primera salta inmediatamente a la vista su impresionante belleza, empero, su hermosura no va a la par de su desempeño histriónico, pues, nunca logró dar siquiera una escena en donde alguien pudiera aseverar que ahí había una actriz; sencillamente, por ser tan guapa, terminará haciendo las clásicas comedias románticas hollywoodenses que estrenan cada semana. Un caso es el de Rupert Grint, ya que, al menos sus compañeros Radcliffe y Watson tendrán una oportunidad; este tipejo pelirrojo no tiene posibilidad de estar siquiera de extra en alguna película de medio pelo; su nivel actoral es ínfimo, pobre, nulo, triste, y un largo etcétera, ojalá haya ahorrado algo de estas nueve películas, pues, pienso que no volverá a trabajar.


Como dije anteriormente, Ralph Fiennes y Helena Bonham Carter salen a cobrar (y muy bien) y se guardan sus capacidades, aunque, siendo objetivos, llevan años sin mostrar un trabajo que merezca ser recordado. De los demás actores del reparto, pues, no hay mucho que decir, la mayoría son ingleses y poco se conoce su trabajo, puesto que, algunos trabajan en teatro y otros en televisión.


Para finalizar, sobra decir que el guión de esta película obedece a los cánones ya conocidos de Hollywood: elementos narrativos simples, tramas sencillas y diálogos reiterativos sin contenido (en este sentido, es importante señalar la incapacidad del director con respecto a los diálogos, es decir, todas las escenas se repiten en los diálogos: por ejemplo, “estás triste”, “estás contento”, “tu caída estuvo divertida”, etc., es decir, todo eso se supone que está siendo interpretado por los actores, pero, como ya lo dije, su funesto registro actoral tiene que ser cuidado para que, según ellos, no se note). Cabe resaltar que dejando fuera el guión, las actuaciones, la edición, la dirección, y lo que acumule, todo el presupuesto se enfocó en filmar grandes paisajes de la campiña inglesa.


CONCLUSIÓN


Algo que resalta de esta película es una animación que aparece a la mitad y que en ésta se cuenta la historia de las “reliquias de la muerte”. En verdad, entre tanta bazofia, sobresale esta animación que parece un cortometraje que se puso en el intermedio de esta película, pues, creo es, al fin y al cabo, un respiro para aquellos que ya estábamos hartos de las 2 horas que lleva la película.


Desde luego que mi conclusión sobre esta película, no puede ser otra, por favor, no la vean, en serio, desperdiciarán tiempo, dinero y probablemente sientan, al final, cierta opacidad en su cerebro por ver estas cosas para oligofrénicos. De mi parte, para los fans de esta cosa, quiero recomendarles primero, en el plano literario, un libro sobre otro mago que presiento puede gustarles: el libro se llama Un Mago de Terramar de Ursula K. Le Guin. Es una serie de tres libros que seguramente encontrarán divertida y con mayor complejidad que su Harry Potter. Películas sobre magia hay en exceso, empero, quiero recomendarles una que vi recientemente que se llama Krabat [Aprendiz de Magia Negra] (2008) de Marco Kreuzpaintner; no confundir con la basura de Nicolas Cage llamada El Aprendiz de Brujo.


Ahora habrá que esperar a que el próximo año, 2011, se estrené la segunda parte, sin embargo, la crítica tendrá que comentármela alguien, pues, no pienso ir a verla, o ¿sí?