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sábado, 11 de diciembre de 2010

“Hidalgo. La historia jamás contada” (2010) de Antonio Serrano


De las tres películas que llamaron poderosamente mi atención, (Hidalgo. La historia jamás contada, El Atentado y El Infierno) en el contexto de la conmemoración del Bicentenario (versión Partido Acción Nacional), tenía la mirada puesta en dos principalmente, la película de Jorge Fons y Antonio Serrano. Ya que en éstas, a diferencia de El Infierno de Luis Estrada, se buscó reconstruir una época histórica concreta, es decir, se harían guiones originales para presentar la época porfirista y las vivencias del Cura Hidalgo, en Nueva España, antes de su grito en Dolores. Por supuesto, la única que cumplió esta búsqueda de un guión original fue la película de Antonio Serrano, pues, la película El Atentado, como ya lo he comentado, fue un guión adaptado de la novela de El expediente del Atentado de Álvaro Uribe.

PREPARACIÓN

Mi curiosidad me llevo, en primer lugar, a localizar las fuentes e información que utilizaría Antonio Serrano para la elaboración de su guión. Mi primera pista me llevo a un libro llamado El cura Hidalgo y sus amigos del supuesto divulgador de la historia Paco Ignacio Taibo II. Este hombre, valorado por algunos, da una opinión muy certera de su trabajo entorno a Miguel Hidalgo y Costilla: “El resultado es el libro más pinche herético que he escrito. Traigo bronca con la historia reaccionaria de bronce que nos quiso imponer el PRI; contra los revisionistas de derecha que quieren convertir a Iturbide en el simpático caballero que consumó la Independencia; contra el neopanismo y su intento de olvidarse del carácter del cura hereje de Hidalgo y traigo todas las broncas contra el clero”. Me parece que hay poco que agregar ante la opinión de semejante “conocedor” y “crítico” de la historia.

Desde luego, Paico Ignacio Taibo II puede hacer éste y otros libros donde vierta toda la “herejía” que quiera; lo que es inconcebible es que alguien se atreva a hacer un guión cinematográfico a partir de semejante literatura. Pues, lamentablemente, si hubo alguien que considero ese libro como base para la realización de una película que nació con el título de Hidalgo Moliere. Me detengo para explicar que el proyecto de Hidalgo. La historia jamás contada surgió con el título (definitivo se decía) de Hidalgo Moliere, pero, posteriormente por cuestiones comerciales, a los distribuidores nos les pareció adecuado el título y cambiaron “Moliere” por “La historia jamás contada”.

Al proyecto Hidalgo Moliere se sumaron en la dirección Antonio Serrano y, un tal, Leo Mendoza para hacer el guión. Éste último fue quien tuvo la grandiosa idea de basarse en el libro de Taibo II para contarnos los años mozos del cura Hidalgo. Pero, más allá de una biografía sobre Hidalgo, Antonio Serrano decidió centrarse en una idea que venía contenida en el libro El cura Hidalgo y sus amigos, la cual aseguraba que Hidalgo formaba grupos de teatro de aficionados y montaba obras de Moliere traducidas por él. No extrañó tal enfoque, a la vida del cura de Dolores por parte del director, pues él, Antonio Serrano, se formó en el teatro y sus mejores años y éxitos los obtuvo como director de teatro; en cine únicamente logró cierto éxito con su ópera prima Sexo, pudor y lágrimas (1999) que, cabe decirlo, el suceso teatral fue lo que originó que se hiciera película, pero esa es otra historia.

Como es obvio, utilizar un sólo libro para reconstruir la vida de un personaje histórico no es suficiente, por lo cual, Leo Mendoza recurrió a la historiadora Dra. María José Garrido Asperó y a la dramaturga Ximena Escalante. No necesito recalcar que su participación fue asesorando el proyecto y no como supervisoras de lo que Serrano y este tipo, llamado Mendoza, hicieron después.

Regresando al nacimiento del proyecto de Hidalgo Moliere, todo partió de hacer algo distinto a la llamada “historia de bronce” y realizar un Cura Hidalgo con “un carácter diferente al que nos han vendido”, así como, un cura “irreverente, sarcástico, pícaro, divertido, alegre y contradictorio”, según palabras del director. Pero, dejando de lado esta larga preparación del proyecto, después de enterarnos quiénes son las personas detrás de las ideas que se manejan en el guión, pasemos a lo importante que es la película ya estrena y exhibida.

HIDALGO. LA HISTORIA JAMÁS CONTADA

La película, como las tres anteriores, apoyada por el gobierno federal para su programación mínima durante dos semanas en cartelera, tenía asegurada la permanencia y, al mismo tiempo, el privilegio de ser estrenada, nada más y nada menos, que el 16 de Septiembre. Días antes noté que el público vio con buenos ojos la inclusión en el reparto del ya clásico Demian Bichir y la actriz “internacional” Ana de la Reguera. Los avances y los posters hacían pensar que uno asistiría a una historia de amor carnal por parte de los protagonistas. En esas primeras secuencias se veía un Hidalgo luchando contra sus pulsiones y las restricciones eclesiásticas y, al mismo tiempo, el nacimiento de una actitud “rebelde” contra las autoridades de la Nueva España. Pocos sabían, como lo mencioné arriba, que la película, en su título original, se llamaba Hidalgo Moliere y que no concordaba con la publicidad que se hacía al filme.

Antonio Serrano, director de teatro, no de cine, venía de un fiasco cinematográfico llamado La hija del caníbal (2003) y que demostró que Sexo, pudor y lágrimas fue un éxito pasajero que no se repetiría; incluso se dudaba que Serrano retomará su carrera como director cinematográfico. Sin embargo, regresa a la dirección y de la anécdota de Paico Ignacio Taibo II, de un Hidalgo amante del teatro y de Tartufo de Moliere, surge Hidalgo. La historia jamás contada.

La historia la dividió en tres momentos que ejemplifican, según él, la vida de este párroco de Dolores: 1) en Pátzcuaro, en 1767, nos muestra a un joven Hidalgo que vive la expulsión de los jesuitas e inicia su pasión por el teatro; 2) 26 años después vemos la vida de Hidalgo en Valladolid y en San Felipe, lugares donde se desarrolla la mayoría de la historia, y observamos la formación de los grupos de Teatro de aficionados, así como, la vida privada de Hidalgo (léase: amoríos, borracheras, lio de faldas y, principalmente, su gusto por las tradiciones indígenas del lugar); 3) por último, estamos instalados en 1811, días previos a la muerte de Hidalgo.

En general, el guión de Mendoza y Serrano nos narra la historia de un aficionado al teatro que desafortunadamente terminó siendo, casi parece por accidente, organizador de un movimiento independentista. Me explico. La construcción del personaje nunca conecta con la imagen, en retrospectiva, que quiere mostrar Serrano de un Hidalgo derrotado en su celda en Chihuahua, esperando ser enjuiciado y ejecutado; pareciera que los excesos de fiestas, mujeres y alcohol arruinaron a ese pobre hombre y no alguna batalla contra los ejércitos realistas. Como no sintiéndose capaz de ejemplificar en una toma algo que refiera, al menos en parte, a la postura ideológica de Hidalgo, Serrano recurre a la escena fácil para denostar que dentro de todo ese individuo comienza a surgir una actitud contraria a la Iglesia y al Gobierno de Nueva España. Sin embargo, el gran problema de Hidalgo, según Serrano, no es la devolución de las tierras a los pueblos indígenas o la esclavitud, no, su gran trauma es no poder montar Tartufo de Moliere para su lucimiento en el escenario. En verdad, la cinta se enfoca en este aspecto nada más y, si no fuera suficiente, recordemos que es un dato aportado de la imaginación “herética” de Paco Ignacio Taibo II.

Otros aspectos del filme son dignos de señalarse. Por ejemplo, la pésima dirección de actores: por qué nadie le indicó a Demian Bichir que debía elegir entre hablar como peninsular o como habitante actual de cualquier barrio del DF; y ocurrió con todos los demás actores, ninguno tiene una pronunciación adecuada ni igual, cada quien va por su lado. Ana de la Reguera fue vendida en posters y avances de la película como un personaje importante y sale dos segundos con su ya conocida nula capacidad histriónica. El montaje no me gustó, ya que, por momentos sentí que la construcción escénica era de alguna película del Zorro. Pero lo peor del caso es la edición. No puede ser que se haya editado tan mal esta película, pues, ese intento de hacer una mezcla absurda entre los tres momentos de la vida de Hidalgo nunca logran concatenarse adecuadamente, aparte, los flashbacks cortan la narración no aportando nada a la historia; probablemente hubiera sido eficaz poner en orden cronológico las escenas, aunque, el "amante del teatro frustado", que construye Serrano, nunca hubiera encontrado lógica con el "insurgente derrotado" que espera su muerte con resignación. Como dijeron por ahí, este Hidalgo se ve más capacitado para organizar una gran “pachanga” que un movimiento revolucionario.

CONCLUSIÓN

En la sala que me tocó ver esta película, el público reía mucho y se divertía. Al principio no entendía por qué sucedía, pues, Hidalgo. La historia jamás contada presentaba elementos históricos absurdos y malas actuaciones, sin contar, el guión creado a partir de una obra de Taibo II y todo lo que eso signifiqué. No obstante, la divulgación de la historia, en los últimos años, ha apostado por recurrir a esta “desmitificación de héroes” que aparentemente busca acercar al público general a una interpretación histórica menos mítica y heroica. Puesto que, por medio del escrutinio de las vidas privadas y los “secretos” de los sujetos históricos, el espectador, de un libro o una película, supuestamente, encontrará algún “aprendizaje”, “conocimiento” ó “dato anecdótico” que le ayudará a entender la razón de su ser histórico. Sin embargo, autores como Taibo II y Enrique Krauze Kleinbort olvidan que la construcción del discurso historiográfico, aunque sea con objetivos de divulgación, requiere ser trabajado e investigado más allá del personaje histórico. Por eso, la caricatura que nos regaló Antonio Serrano de Don Miguel Hidalgo y Costilla –y que hizo reír a los espectadores de mi sala– estuvo muy lejos de ser esa “historia jamás contada” que prometió en el título.

“El Atentado” (2010) de Jorge Fons


Las dos cadenas más grandes de exhibición, Cinemex y Cinepolis, acordaron –no por escrito– que en el mes de Septiembre, por ser los festejos del Bicentenario, le darían más espacio (léase: número de salas y 2 semanas en cartelera) a las películas mexicanas que se estrenaran en dicho tiempo. Las elegidas fueron No eres tú, soy yo de Alejandro Springall, El Atentado de Jorge Fons, El Infierno de Luis Estrada, Hidalgo, la historia jamás contada de Antonio Serrano, Brijes de Benito Fernández y Héroes Verdaderos de Carlos Kuri. Estas seis películas han sido utilizadas y presentadas, por ambas cadenas, como “lo mejor del cine mexicano”. Incluir el adjetivo “mejor” para estas cintas, definitivamente, no engloba lo que hasta ahora se ha visto; al contrario, sólo una película (El Infierno) ha demostrado estar a la altura del eslogan publicitario.

Desde antes, al conocer las elegidas para ser financiadas o apoyadas por el gobierno federal, se vislumbraba aquellas que serían dignas de verse y aquellas que bajo ninguna circunstancia uno debía pararse por las salas de cine. En este sentido, El Atentado y El Infierno resaltaban, no sólo por el elenco que se anunciaba, sino, por los directores que acompañaban los proyectos: Luis Estrada y Jorge Fons. Sin temor a equivocarme, la mayoría de los especialistas estaban más ansiosos con el regreso de Jorge Fons, puesto que, no filmaba desde El callejón de los milagros (1995).

Pasaron quince años para que el director de Los albañiles (1976) y Rojo amanecer (1989) volviera a presentarnos un largometraje dirigido por él. Aparentemente nadie pensaba, o percibía, que los años que pasó inactivo (aunque trabajo para la televisión) fueran a afectarle a alguien que había sido bastante solvente en su discurso cinematográfico.

Era importante iniciar con este preámbulo sobre el director porque se tenían grandes expectativas con su regreso a la dirección; aparte que la película tendría todo el apoyo posible para su impoluta producción, distribución y exhibición. Lamentablemente no todas las predicciones arrojan los resultados esperados, pero, a continuación planteó mis argumentos.

La película tiene como telón de fondo el desfile conmemorativo de la independencia que realizaba cada año el Presidente Porfirio Díaz. Entre el festejo, e instantes antes de que ocurriera, dos hombres preparan un atentado contra el Presidente. El ejecutor del crimen, Arnulfo Arroyo, se pierde entre la gente y asesta el golpe. El atentado sucede, empero, sólo es el inicio para adentrarse en los motivos y razones que tuvo Arnulfo Arroyo para realizar el atentado, así como, descubrir los oscuros hilos que promovieron el delito.

El guión es una adaptación de la novela El Expediente del Atentado de Álvaro Uribe, por lo cual, la película está condicionada al ambiente y contexto histórico construido por Uribe para su novela “histórica” (supongo que tendrá los mínimos niveles de exigencia para llamarla “histórica”). Menciono esto último porque eso modifica cualquier análisis historiográfico que intente hacérsele al film, es decir, no se elaboró un guión original en donde se intentara recrear la sociedad mexicana de fines del siglo XIX, sino, se llevo a la pantalla situaciones construidas para narrar una novela y eso se nota.

Digo que se nota porque el desarrollo de los personajes obedece más a aspectos literarios y dramatúrgicos que históricos. Me explico. Al principio es evidente que estamos ante el descontento social que provocaba el gobierno de Porfirio Díaz, por eso, según la premisa, se engendra un atentado en su contra, pero, conforme avanza la historia que nos cuenta Jorge Fons, la idea principal se desvanece y terminamos instalados, sin saberlo, en un romance apasionado entre un poeta y su amante que al inicio tenían un papel secundario y que fueron tomando fuerza hacia el desenlace de la narración. Los motivos de Arnulfo Reyes, la supuesta actitud de Díaz ante el atentado, el desmoronamiento interno del gabinete presidencial, el poder de la prensa escrita y cualquier tipo de reflexión en torno a la época de Porfirio Díaz queda reducida a una historia de amor.

Lamentable que un director como Jorge Fons no tenga la capacidad para notar, o vislumbrar siquiera, que su historia se desmorona a cada paso que da. Por supuesto, no podemos soslayar que al inicio de la cinta, Fons deja claro que estamos frente a una representación de cómicos de carpa que están actuando el mentado atentado; incluso se antoja más la representación realizada por estos hilarantes actores de carpa que lo que sucede cuando vuelven a la narración principal.

Precisamente, retomando lo anterior, las actuaciones están en tonos diferentes y, siendo más específicos, hay un serio problema de dirección de actores. Por ejemplo los protagonistas: 1) Daniel Giménez Cacho: a pesar de toda su trayectoria y gran nivel actoral, nunca entendió hacia donde iba su personaje y se mantuvo en una interpretación sobria e indiferente; 2) Irene Azuela: esta actriz confirmó el estado actual de su capacidad histriónica, es decir, por momentos cae fácilmente en la sobreactuación y necesita un director que la guie para no pasar de lo sublime a lo caricaturesco; 3) Arturo Beristain: hace años inventé un término para definir este tipo de actuaciones: “actuación equilibrista”. Cuando digo “equilibrista” me refiero, en este contexto, a la elección peligrosa que hace un actor para llevar a cabo su interpretación, pues, si no es controlada, la actuación puede caer en lo inverosímil o, si se mantiene, puede quedar excelsa, desde luego, a pesar de momentos complicados, Beristain logra un excelente Porfirio Díaz; 4) José María Yaspik: este señor había logrado convencer a la crítica cinematográfica de que era actor con su trabajo en Las Vueltas del Citrillo, lamentablemente sus dos últimos trabajos, Abel y El Atentado, hicieron resurgir dudas de su capacidad, sobre todo ese tono de voz que hace en El Atentado que es para agarrarlo a patadas; 5) Julio Bracho: sólo una pregunta, ¿es actor? Mención aparte merece Carlos Cobos que interpreta a uno de los cómicos de carpa, puesto que, otra vez, como en toda su filmografía y su trabajo en teatro, logra una ovación de pie y con aplauso.

Para finalizar pienso que se desperdiciaron muchas cosas con este filme: se desperdicio presupuesto, talento, una reflexión crítica sobre la época de Porfirio Díaz, y la oportunidad de que la gente viera una buena película mexicana, pues, se contaban con dos cosas que nunca tiene el cine mexicano, publicidad y permanencia en cartelera. Como la mayoría de los críticos de cine, diré que si quieren ver una película que aborda los últimos años de la presidencia de Porfirio Díaz con sobrada capacidad, tanto en el guión como en el director, vean, la ya mencionada arriba, Las Vueltas del Citrillo (2006) de Felipe Cazals.